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Nosotros, los hijos de María.

September 20, 2018

 

 

A esta hora 11:08pm del 19 de septiembre de 2017, acostado mirando por la ventana de mi habitación, solo se ven luciérnagas azules a lo lejos, policías peinando parte de la zona metro.  La tensión en Puerto Rico, se siente, se huele, se ve, se escucha, cada sentido de tu cuerpo es golpeado por esta ansiedad que produce la espera.  

 

 

Hoy trabajando cobertura en la zona de Humacao, vimos de lejos, de muy lejos el color del cielo que nos dejará María.  Allí, en la playa de Punta Santiago, nos encontramos con un caballero de unos 40 y tantos años, sin camisa, cabeza rapada, sentado en su vehículo todo terreno donde contemplaba el mar desde muy cerca, estacionado casi en la orilla de la playa.  

 

Al acercarme veo que tiene una tabla de surf dentro de su Izusu Trooper de los 80's.  En efecto, esperaba su oportunidad de olas asociadas al siniestro sistema.  Luego de muchas horas de espera, nos confesó que se había tornado muy peligroso y decidió marcharse sin correr en su tabla.

 Esto solo confirmaba una cosa, hasta los mas atrevidos mostraban respeto por este animal que se aproximaba.  Y aquí ando, con el corazón haciendo ruido, confieso que en este momento estoy muy tenso.  He visto muchas cosas terribles en esta carrera de fotoperiodista, pero uno jamás puede estar tranquilo ante lo desconocido.  Las luces de las patrullas, parecen multiplicarse, al parecer se disponen a impedir que quede gente en la calle.  Por primera vez en toda mi carrera, podía ver que todos los colegas se movían con mucho, pero mucho cuidado.  Ya 5 de ellos me han escrito, realmente, hay preocupación.  Aunque no se si es porque saben que puedo estar fuera de forma, pero esto es como correr bicicleta, jamás se te olvida.

 

Antes de la media noche y ya entró en tarima el de la flauta, ese silbido que bien parece una partitura para meter miedo cada vez que le toca su parte.  Lo que faltaba, me envían un link con el boletín mas reciente.  María nos va a visitar como un categoría 5 moviéndose a unas escasas 10 millas por hora, solo pienso que eso será devastador.

 

Septiembre 20 de 2017, 5:30am, nos tocan a la puerta para que desalojemos de manera inmediata el edificio, el plan de salida se adelantó por varias horas.  Esto, marcaba el comienzo de tantas cosas inesperadas.  Fueron horas, que parecían días, la molestia en los oídos era notable, este animal ya comenzaba a alardear de su fuerza, dejándose sentir aun sin mojarte o soplarte directamente.  Luego de muchas horas de espera y demasiada ansiedad, de pulsear con un cliente que no comprendía la gravedad de lo que sucedía, al nivel que me pidió que tomara un taxi para salir a recoger imágenes, lo recuerdo y me da la misma rabia ante su incapacidad de comprender, que estábamos enfrentando posiblemente el fenómeno natural mas fuerte que jamás había atacado territorio americano en su historia, luego de mirar con impotencia a través de un hueco, como el viento desplegaba la lluvia de manera completamente horizontal, llena de proyectiles de todos los tamaños, salí a recoger las imágenes calculando el riesgo de que todavía soplaba fuerte, pero lo peor había pasado.

 

Camino por la Avenida Ashford, cristales, planchas de zinc, palmas, arboles, todo tipo de escombro había arropado el lugar.  No bien había comenzado a bajar el viento, ya varias pandillas de desalmados saqueaban los restos de mercancía en los negocios que habían quedado sin ninguna protección.  A lo lejos, escucho la voz de un colega, que llega en su vehículo luego de hacer una ronda gritarme: "JOEEEEEEL, NUESTRO PAÍS SE NOS FUE" -Dennis Manuel Rivera.  Ok, ya no podía aguantar mas, mi corazón sentía una presión como pocas veces había sentido.  Lágrimas cayeron a gran velocidad, sin mas remedio.  No sabía yo que era el comienzo de una tristeza que me perseguiría por toda la vida.  Ver lo que ya había vivido en otros países te afecta, pero tu referente de la realidad anterior en ese lugar es vago o ninguno, pero cuando el desastre cambia tu entorno de vida, ahí la cosa se torna personal.

 

 Al segundo día salimos del area metropolitana en ruta hacia el sur, yo pensaba que lo había visto todo en San Juan y Cataño. 

 La autopista no tenía direcciones, se corría en la dirección que pudieras lograr acceso, literal, en contra del transito en todas las vías.  Al salir de San Juan a la altura de Caimito, comenzaba a ver el paisaje quemado, como si hubiera caído una bomba, ya había visto esto dos semanas antes en St. Marteen, el tatuaje que les dejó Irma, Déjá-vu, el peor de mi vida, esto me impactaba de manera muy hostil. 

 

 

Los árboles que no cayeron, estaban quemados, ni una hoja los vestía, aun su corteza había desaparecido.  Pero seguimos nuestro camino pasando por Caguas, mi ciudad natal.  Que puedo decir, el acceso a mi casa estaba totalmente bloqueado por postes de energía caídos, postes de concreto partidos como palillos de dientes. 

 

Ese día llegamos a Juana Diaz, allí hicimos una parada en la casa de los padres de Carolina, la reportera.  Su padre, un reconocido dentista del área, conversaba conmigo y me dijo unas palabras que jamás olvidaré.  "Hay una pregunta que viene del corazón.  ¿Que hay en este mundo que es para siempre?  Y le puedo dar mi respuesta y el corazón me dice, mientes, no es cierto, solo Dios es seguro. 

 Luego de esto, es un mensaje claro que nos dice, solo Dios es seguro.  Cuando tenemos una crisis significa que de lo que nos estamos apoyando es falso, por eso estamos en crisis, porque eso de lo que te apoyas se está cayendo y vas a caer con el.  Pero cuando tienes fe en Dios, no entras en crisis porque de lo que te apoyas nunca te va a fallar.  Si te apoyas de algo que no sea Dios, las crisis vendrán una tras otra, pero si te apoyas de Dios, vendrán momentos difíciles, pero no entrarás en crisis, y podrás superarlo.  Solo Dios es verdadero y para siempre."  Cayó otra bomba... Ya podrán imaginar, como me acababan de mover la alfombra, cuando me dicen algo así en un momento como ese, esa palabra no podía ser mas acertada y de manera instantánea se corroboraba dentro de lo que estábamos viviendo.

 

Al final, no voy a contarles lo que ya saben, mucho dolor y sufrimiento que ha pasado mi país, Puerto Rico.  Fueron casi 3 meses de cobertura intensa, de llorar todos los días de regreso a San Juan al vivir cada experiencia, al tocar seres necesitados de agua, techo, comida y una mirada de apoyo, querían saber que no estaban solos.  Como aquella joven que me paró llorando a darme el número de su esposo, un soldado, para que por favor le enviara un mensaje: "Tu hijo y yo estamos bien, Te amo"  Ella, estaba embarazada.  Todavía no había servicio celular en casi ninguna parte de la isla.  O aquella señora en Barranquitas cuya casa voló casi completa, lloraba desde lo que fue su cuarto, solo quedaba la paradójica vista forzada de la belleza de la montaña, ya no tenía paredes.  O aquella comunidad que arriesgó su vida cruzando el río para traer gasolina, diesel, agua y comestibles.  Y fue allí, en el Barrio San Lorenzo de Morovis, donde conocí a una viejita, Rosa María Torres, que postrada en su cama, nos daba una lección de resiliencia. 

 

La mirábamos con tristeza al ver su condición y lo que le esperaba.  Pero al saludarla para ver si nos podía hablar, nos sorprendió contestándonos con una voz, aunque ronca y débil, a su vez fuerte, como quien no tiene la mínima duda:  "Hay que seguir pa' lante, siempre."

 

María nos cambió la vida como la conocíamos, pero ante todo, tenemos la dicha quien mas quien menos, de tener a nuestro lado gente que nos aman, gente a quien amamos y ahora, todos somos verdaderamente, sin lugar a dudas, sobrevivientes del mismo momento, que nos convirtió en cómplices del querer levantarnos, de superar la adversidad, a distintas escalas.  Nunca tanta gente en nuestra isla, podía entender a sus iguales ante la necesidad como ahora.  Lección aprendida, a un gran costo, pero nos ha hecho mejores personas.  Nosotros, los hijos de María, ahora somos todos hermanos.

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